10 de Mayo 2020

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Este día de las madres definitivamente será distinto. Pero no será triste ni sombrío: tendrá que ser un día excepcional. Y sí lo será, porque actualmente experimentamos una situación única en la historia del mundo contemporáneo: la posibilidad de disfrutar a nuestra familia con un grado de intimidad que la “normalidad” anterior no nos los permitía.

Será un día más de estar en casa con la misma gente y bajo el mismo techo, como ha ocurrido durante más de 50 días. Sería poco cierto presumir que han sido días fáciles en casa, los retos no han faltado.

Seguramente, muchas mamás se identificarán con las bondades de tener que conectar a una computadora a un niño de preescolar o de los primeros grados de primaria, para ayudarlo a buscar en un mar de mails la tarea del día, que implica ver un vídeo en inglés, el cual les explicará cómo contestar las preguntas de un cuestionario que tienen que imprimir y que llegó a otra plataforma que supuestamente fue creada para facilitar la gestión de tareas, y una vez respondida la tarea adecuadamente, entonces la tienen que fotografiar para subirla a otro medio electrónico para comprobar que el hijo hizo la tarea. Además, tenía que ser mandada antes de las 9:00 am. ¡Todo está muy fácil! Definitivamente, estos sistemas educativos están hechos para que los niños pequeños resuelvan todas sus tareas solos.

Por si lo anterior no fuera suficiente, te enteraste que tu hija adolescente se acabó durmiendo a la una de la madrugada porque se puso a chatear con su mejor amiga y se perdió la asesoría de las siete de la mañana. Y sorpresa: ¡el pequeño ya aprendió a patinar durante el aislamiento! Perfecto, a perseguirlo por todas partes. En fin, en toda la casa se respira un ambiente de paz y tranquilidad… un medio perfecto para que el papá trabaje con toda serenidad en su nueva oficina: el comedor.

Claro, no olvidemos que a la mamá de la casa, justo antes de la crisis sanitaria, le cayeron unos proyectos que estuvo trabajando meses atrás y resulta que los clientes, muy prudentes y considerados, sólo quieren hablarle cada 15 minutos, pero además lo quieren hacer por medio de una videoconferencia, para lo cual debes estar bien peinada y bien vestida, por lo menos de la cintura para arriba. 

Mientras todo esto ocurre, estás asombrada de ver cómo los hijos y el papá se pelean por lavar los platos y trapear el piso, y ni hablar de las pilas de ropa que nos esperan pacientemente para ser planchadas y dobladas.

Pero, ¿saben?, todo esto está valiendo la pena. Estoy convencida que será una experiencia inolvidable de crecimiento para todos. Nos estamos acercando más que nunca a nuestros hijos, y tenemos la posibilidad de reflexionar sobre lo más fundamental y profundo que podríamos cuestionarnos: ¿de qué se trata la vida?

Hoy, como nunca, podremos darnos cuenta de lo que vale la vida, la libertad, la salud… el amor. Hoy soy más consciente de la trascendencia de un trabajo bien hecho, de la importancia de vivir en un entorno armonioso y de tener una casa hermosa que nos permita disfrutar más del tiempo en familia.

Quizá nuestros hijos no cumplan con toda la hazaña de sus tareas, quizá clientes y negocios se perderán, quizá derramaremos lágrimas… no pasa nada, no hay problema, encontraremos la manera de superar la crisis y subiremos como impulsados por un trampolín que, para arrojarnos al cielo, primero nos tiene que contraer hacia el piso.

Las posibilidades de crecimiento serán inagotables: los niños habrán aprendido nuevos juegos y quizá a cocina o a bailar; a hacer mejor su cama y limpiar mejor su cuarto; tal vez a tocar un instrumento, a cantar o a pintar. No saldremos perfectos de esta crisis, ni nos volveremos políglotas, atletas olímpicos o chefs con famosas estrellas en el confinamiento; pero al final habremos reído más, habremos abrazado más, habremos amado más…

Estoy segura que, cuando pase el tiempo y regresemos a la normalidad, o a aquello que llamábamos normalidad, se nos saldrá una discreta sonrisa y diremos: “hay momentos que extraño de aquellos días de la cuarentena.”

Gracias a mi madre, sin ella simplemente no estaría aquí; gracias al milagro que me ha permitido saborear las maravillas de la maternidad… y en palabras de aquella hermosa y vieja canción: “gracias a la vida, que me ha dado tanto.”

 

¡Feliz día de las madres!

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Mariangel Coghlan

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